“Si estoy más de seis meses ahí, mi mente se va a atrofiar”. El que habla es Carlos Acosta, de 55 años, y con su dedo índice señala el Centro de Acogida Municipal San Isidro, donde vive desde el 1 de agosto, en el centro de Madrid. Carlos es artista, venezolano y reside en España desde hace 26 años. Aunque sus cuadros cuelgan de las paredes de varios edificios institucionales, la falta de ventas en los últimos meses le ha obligado a buscar acogida en el albergue. “La crisis se está notando mucho. La gente ya no se rasca el bolsillo para comprar caprichos. Y menos aún para invertir en arte”, dice.
“Me expulsaron de Venezuela por mis enfrentamientos con el presidente Chávez y nunca he faltado a mis principios”, asegura. “Soy fuerte y saldré de esto. Las que viven ahí son personas socialmente muertas”.
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