Según la policía, cuatro hombres, dos a bordo de una camioneta marca Datsun, y otros dos en motocicletas de cross, fuertemente armados, fueron los encargados de llevar a cabo la operación. Un escolta fue asesinado y otro está herido grave. «Han seguido al pie de la letra el manual del sicario y no les ha temblado el pulso».
Hasta el momento, sus familiares no han denunciado el secuestro. La policía cree que tanto su mujer como sus hijos están atemorizados, máxime si se tiene en cuenta que es la segunda vez que se ve privado de su libertad. En 1999 permaneció secuestrado cuatro meses, y solo fue liberado una vez que sus familiares pagaron el rescate. «Hay miedo. Cada familia que denuncia ve como a las pocas horas el rehén es asesinado. La gente tiene miedo y prefiere solucionar el secuestro pagando», aseguraron fuentes cercanas a la investigación. Hasta el momento se desconoce si los captores se han puesto en contacto con la familia. El suceso ha conmocionado a la extensa colonia asturiana residente en México. En los últimos meses, según la policía, en Oaxaca se han instalado grupos armados procedentes de la zona de Chiapas con la intención de recaudar dinero para armarse.
Esta es la segunda vez que Manuel Rodríguez sufre un secuestro. El 30 de julio de 1998, ocho personas fuertemente armadas le interceptaron al salir de su negocio y le mantuvieron privado de libertad durante cuatro meses, hasta que su familia pagó el rescate. Manuel es un próspero y conocido empresario del sur de México, propietario de la empresa de suministros de construcción Romasa y de una gasolinera, entre otros negocios.
Natural de la localidad salense de Cermoño, emigró a México en 1956. Allí comenzó, con solo 15 años, a trabajar en la construcción. Con sus primeros ahorros comenzó a dedicarse a la compraventa de material de obra, hasta que fundó, en la década de los años 70 del siglo pasado, Romasa. Está casado con María Isabel Marrón, también natural del concejo de Salas, con quien tiene cuatro hijos.
En 1999, a los pocos meses de ser liberado, el empresario salense afincado en el estado azteca de Oaxaca reconocía, en una entrevista concedida a LA NUEVA ESPAÑA, que durante su cautiverio llegó a pedir varias veces a los secuestradores que lo mataran. También justificó que sus familiares no denunciasen los hechos, «por cuestiones de seguridad». «En México los delincuentes se hacen policías y acceden a datos privilegiados para usarlos con fines delictivos», llegó a decir el empresario en aquel momento.
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